"Recalada", de Néstor Basurto - Un disco para náufragos (de la madrugada)


“Estamos desnudando el alma a tangos,
curtiéndola de aguantes en el cuero,.
cargándonos la noche a contrasueño
como si fuéramos los últimos tangueros...”



No está demás, por preliminar y necesario, aclarar que la expresión recalada tiene en origen una correspondencia directa con el léxico de la marinería.
En una asombrosa sucesión de incorporaciones, el habitante de la ciudad de Buenos Aires, - acaso por su personal vínculo con el puerto -, se ha dedicado a prohijar muchas de esas voces procedentes de ultramar, no solamente con el afán de apoderarse de ellas, sino para ajustarlas a un sentido alegórico que le resultase más próximo.
Caer, aterrizar, atracar, anclar, funcionan desde hace mucho y con hábito de continuidad, como sustituciones de algo así como "llegar uno, con o sin aviso," a un lugar donde seguramente será bienvenido y se sentirá parte de un convite amistoso.
La Recalada más famosa de Buenos Aires funcionó entre 1983 y 2003 aproximadamente, en el ya legendario Café Homero de la calle Cabrera 4946, con el exclusivo gobierno del fueye que blandía Rubén Juárez.
A la misma hora en que el programa principal concluía y cuando el grueso del público se retiraba, a modo de "tercer tiempo" comenzaban a "recalar" en torno al Negro Juárez los amigos, los conocidos, los desconocidos, cantores profesionales, amateurs, en fin, todo aquel que tuviera ganas de evadirse de toda noción de espacio y tiempo, tal vez con el desprevenido propósito de fondear su existencia entre las copas de whisky y en la modulación íntima de los tangos que cualquiera quisiera entonar de cara a ese clan secreto de insomnes.
En aquellos años referidos, algunas veces, no muchas, de la mano de Pepo Ogivieki o de José Ángel Trelles, tuve la oportunidad de ser testigo y participar de aquellas memorables recaladas del Café Homero.
De esos afortunados encuentros nació el numen que suministró fundamento a los primeros esbozos de una letra que al terminarla le di sin mayor imaginación y consecuentemente el nombre de “Recalada”; letra que algunos años más tarde Raúl Luzzi y Néstor Basurto completaran musicalmente con su clase y su inspiración.
A decir verdad, Néstor Basurto ya venía prefigurando un disco desde hacía mucho.
Un día de mayo de 2006 llegó a mi casa por primera vez y apenas me habló, comenzó a apabullarme con su proyecto.
Por supuesto que yo sabía bien quién era Néstor Basurto. Desde luego, lo admiraba por su trayectoria y por su talento. Pero recuerdo que en aquella ocasión le advertí que no era tan fácil para mí escribir una letra a la primera cebada de mate.
No le importó demasiado. Siguió hablando, me contó algunas historias, y con ello, me dio argumento para dos o tres letras que, para mi propio asombro (y el de él), escribí años después.
En aquel momento tenía en mi bolsillo uno o dos bocetos en los que venía trabajando con los que resolví "probarlo" con moderada malicia.
El resultado fue que me devolvió una zamba y un vals que me encantaron de entrada. Me tapó la boca. Al poco tiempo hicimos juntos un tango a partir de una estrofa que escribí en su casa y más tarde me desafió con un par de melodías que al desgrabarlas en el papel me daban un “monstruo” indescifrable para mí, y creo que para cualquier letrista.
Acepté la bravata, recogí el guante y le devolví “Madrigal de ausencias” y “Milonga para Pablo” sin tocarles una sola sílaba.
Posteriormente vinieron otras, pero nuestra yunta como autor y compositor ya estaba encaminada.
Aunque pertinente en este caso, reconozco que sería muy egoista si continuara hablando de mi vínculo creativo con Néstor. (Comprenda el lector que es muy difícil comentar un disco desde adentro).
Admitiendo esto último y más allá de todo dictamen barnizado de parcialidad, puedo decir que “Recalada” más que un trabajo discográfico, es un milagro en el que Néstor ha logrado unificar la prodigiosa trinidad de sus artes: cantor templado, refinado melodista , arreglador y guitarrista sorprendente.
En este ritual profundo y melancólico que él propone y rubricando esta bienaventurada convocatoria, hay que subrayar que no por casualidad comparecen a su llamado desde algún lugar del cosmos, Hamlet Lima Quintana, Emilio De La Peña y el mismísimo Rubén Juárez.
Para no inducir con adjetivaciones innecesarias, quiero dejar para la sorpresa del oyente la enumeración de otros apellidos no menos relevantes y que también forman parte de esta misa clandestina, sentimental y profunda. Me reservo sus nombres y sus correspondientes ponderaciones porque vale la pena que el mismo oyente los descubra.
Recalada es un disco que merece ser escuchado en sus 18 surcos (vocablo antiguo si los hay, pero mucho más noble que el angloide “track”) con la misma fruición de aquellos náufragos noctámbulos embriagados de splin que se reunían en el Café Homero.
No se si con el tiempo “Recalada” se convertirá en un clásico de la música argentina o se perderá en el archivo de las injusticias con las que apuñalan la indiferencia o el olvido, pero estoy seguro que cualquiera que tenga en sus manos este disco se encontrará con una producción artística encomiable.
Más no puedo decir.
Lo demás, Dios (el público) dirá...

Comentarios

  1. Una delicia la lectura de este texto... desnudar el alma... sacar a pasear el alma por las madrugadas de Buenos Aires. Afortunados somos los que nos deleitamos con la bohemia Rioplatense.
    Gracias Alejandro!!!!!!
    Mis mejores deseos para esta "Recalada".
    Un fuerte abrazo
    Alicia

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  2. Cómo me gusta leerte, amigo, cómo me gusta!
    Gracias.
    Ahora,quisiera escuchar ese disco.
    Gio.

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  3. Espero ansiosa escuchar el disco. Los adelantos que pude escuchar me hacen tener la certeza que es una hermosa obra de la cual vamos a disfrutar muchísimo y eso se agradece.
    Maia

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  4. RECALADA MOMENTOS SUBLIMES DE COMPARTIR SUEÑOS EN MADRUGADAS DE AMISTAD,TANGOS Y COPAS.

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