Fragmento de Osvaldo Bayer, nota publicada en Página12 en mayo de 2007:
"En Rosario se hizo un hermoso homenaje a aquel grande que se llamó
Atahualpa Yupanqui. El hombre que en sus canciones trajo todo el dolor de los
pueblos originarios de la tierra. Dolor, pero también su profundo lenguaje de
la poesía del aire, los soles y el viento. “Las vaquitas son ajenas, las penas
son de nosotros.” Así, en la canción la verdad y la protesta profunda y dolida.
Parco, hondo. Sabía traducir las palabras de las piedras y el silencio del
algarrobo. El dolor sin palabras de la madre kolla cuando partía su hijo para
siempre. La ira en los ojos de esos hombre silenciosos cuando venían
gobernadores, ministros y uniformados y se les quitaba la tierra de mil años
con un papelito firmado por el juez de turno. Todo lo decía don Atahualpa con
su guitarra, nunca guardó silencio. Y en las palabras con que, en ese acto,
expresé mi admiración por el poeta de los cerros y el silencio recordé algo que
la historia oficial ha callado. Que don Atahualpa sufrió prisión por decir la
verdad y construir la protesta. Fue cuando expresó con toda la fuerza de su
genio la demanda por la humillación que habían sufrido los kollas jujeños
cuando en 1946 hicieron el llamado “Malón de la paz”, desde el norte de Jujuy
hasta Buenos Aires en una numerosa columna que atravesó todo el territorio de
la República hasta llegar a Buenos Aires. En la Plaza de Mayo los recibió
Perón, pero pocas horas después se los llevó al Hotel de Inmigrantes –terrible
ironía, a quienes vivían desde siglos atrás en tierra americana, en Buenos
Aires, se los hospedó en ese lugar para extranjeros recién llegados– y sin
pausa alguna se los desalojó días después de allí, se los cargó por la fuerza
con la policía y la marina de guerra, se los metió en vagones de carga y fueron
obligados a volver a su tierra de origen sin ver cumplido su sueño de que se
les devolvieran las tierras para que la comunidad las trabajara. Todos los
detalles de este comportamiento vergonzoso de las autoridades de esa época
están reflejados en el libro Los indios invisibles del Malón de la Paz de
Marcelo Valko, que acaba de publicar la editorial de las Madres de Plaza de
Mayo. Ahí está la carta que les escribió Atahualpa Yupanqui a los maltratados
kollas. Ahí les dice: “Hermano Kolla: te lo advertí, hermano Kolla. Recuerdas
que te hablé de Condorcanqui, de Katari, de Pillipico? Ellos también como tú,
se echaron el sol al hombro y caminaron senderos del Ande hasta las Pampas
desiertas, con la ilusión que la vida prende en los seres humildes que creen
que aquellos que viven bien piensan y sienten bien. Te vi pasar por los caminos
del Tucumán, saludé tu esfuerzo con mi mayor alarido. Nuestros ponchos
conversaron sobre cosas comunes. El mío, rojo y azul dijo las cosas del sueño
alto y de la copla libre. El tuyo, castaño y pardo como tu vida y como la
tierra que el rigor aconseja al corazón que sabe esperar siglos la aurora que
libera de las sombras”. Y más adelante le señala: “Tú, indio del Ande, mestizo
de la Puna, huésped de Buenos Aires, fuiste echado a patadas. Roto quedó tu
erkencho. Destrozado tu bombo. Con las hilachas de tu pobre poncho enjugaste tu
llanto. Tu llanto, hermano kolla. ¡Cómo me duele tu llanto que es el mío y el
de todos los que animamos nuestro corazón para mostrar la injusticia de tu voz!
Ahora marcharás camino del regreso, que son para tu pueblo caminos de derrota.
Allá conversarás, superada tu angustia, con tono más altivo. ¡Supay Huarkanka
Huachaska!”
Por
publicar esa carta, Atahualpa Yupanqui fue detenido y pasó seis meses a
disposición del Poder Ejecutivo en la cárcel de Devoto. ¿Cómo se puede enviar a
la cárcel a un cantor del pueblo por defender a sus hermanos de sangre? Después
de la cárcel, Atahualpa marchó al exilio.
Pero pasaron muchos años, estamos ya en la
década del sesenta y Atahualpa dio un concierto de canciones en Madrid. Ahí
estaba Perón, en el exilio, y concurrió al recital. Terminada la función el
general Perón subió al camarín del cantor indio. Atahualpa relata que cuando lo
vio a Perón, le dijo: “Qué feo es el desarraigo, ¿no?. Cuando usted me mandó al
exilio, por defender yo a los kollas y por decirle que fue un latrocinio
envagonarlos y mandarlos al norte... que era una vergüenza lo que se hacía con
los hermanos... es feo el desarraigo...”
–Entiéndame –le respondió Perón–, lo que
pasa es que fue un lobby que me hicieron la gente de Patrón Costas, el
Ejército, la Gendarmería y el general Filomeno Velazco. Además, cuando uno está
arriba hay que tomar medidas... si no los paraba a ustedes me pedían una
reforma agraria de fondo, y no estábamos para una reforma agraria...
Los pueblos originarios siguen pidiendo
con una extrema paciencia la devolución de sus tierras. Actualmente, por
ejemplo, mapuches piden la devolución de 500 hectáreas en tierras de Leleque,
las cuales hoy “pertenecen” al empresario italiano Benetton. Pero lo piden con
dignidad. Como hay un pedido parlamentario que esa tierra se expropie al actual
“propietario” y se dé a los legítimos pobladores, Nahuelquir y Curiñanco, los
mapuches interesados, se oponen a que sean expropiadas, porque así va a ir ese
dinero a Benetton. Y se preguntan: ¿por qué darle dinero por algo que no le
pertenece?
Increíble. La dignidad por encima de
todo."

Comentarios
Publicar un comentario