domingo, 20 de diciembre de 2009

Soplando en el viento


El mismo León Gieco reconoció en público alguna vez con inocultable sinceridad, que su primera canción (“Hombres de hierro”) era algo así como un “robo” de “Blowin in the wind”.
Mi hijo Julián me ha hecho notar también, y para mi sorpresa, que la banda argentina Los Guasones, es beneficiaria de algunos “afanos” por el estilo perpetrados contra las canciones de Dylan.
Otro tanto, me parece a mí, le corresponde a Andrés Calamaro, y no creo que a él lo ofenda esta imputación, sino todo lo contrario.
Salvando las distancias, se ha llegado a decir lo mismo de John Lennon, sobre todo del Lennon que quedó perplejo y turbado luego de escuchar en 1965 el estreno de “Like a rolling stone”.
Joaquín Sabina, por ejemplo, asegura que la mejor canción del siglo XX es para él, (y lo dice sin dudar), “Knocking on heavens door”. Tanto, que en una de sus últimas presentaciones pudimos oír la introducción instrumental de aquel tema, (maravilloso por cierto) haciendo las veces de prólogo de “¿Quién me ha robado el mes de abril?, (otro maravilloso tema también, en este caso cien por cien made in Sabina).
En fin, se ha dicho y se dirá utilizando más ejemplos, que Bob Dylan ha sido el más influyente de todos los cantautores surgidos a partir de la década del ’60 a la fecha.
Me cuesta mucho elegir entre “The times are a changing”, “Mr.Tambourine man”, “Tangled up in blue”, “Subterranean homestick blues” y ese estremecedor monumento llamado “A hard rain´s a gonna fall”, mezcla de canción y de poema imprescindible, escrita por un autor que en ese momento no superaba aún la frontera de los veintidos años.
Asombroso.
No tengo por qué dudar de un maestro como Sabina, pero con todo respeto, para mí la más hermosa canción de Bob Dylan es precisamente “Blowin in the wind”.
Pienso que el elemento más inquietante de “Blowin in the wind” es la interrogación poética.
(“¿Dónde estará mi arrabal?, ¿Quién se robó mi niñez…?”; “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?”. Interpelaciones más cercanas para nosotros que refuerzan con vigor expresivo el sentimiento del poeta).
Eran tiempos aquellos de grandes alamedas que se abrían al porvenir de la utopía y un Dylan prematuramente atribulado preguntaba también:

“How many roads must a man walk down
before you call him a man?
How many seas must
a white dove sail
before she sleeps in the sand?
How many times
must the cannon balls fly
before they're forever banned?”(*)

(*) (“¿Cuántos caminos debe andar un hombre antes de que le llaméis hombre?.¿Cuántos mares debe surcar la paloma blanca antes de poder descansar en la arena?. ¿Cuánto tiempo deben volar las balas de cañón antes de que sean prohibidas para siempre?”)


A Dylan lo ofendió siempre que se lo considerara un cantante de protesta.

“No me insultes diciéndome que soy una persona con mensaje. Mis canciones no son más que un diálogo conmigo mismo”.
"Una canción es una experiencia: no hay necesidad de entender las palabras para entender la experiencia. Intentar entender el significado completo de las palabras puede destruir el sentimiento de la experiencia como un todo".

Extraordinario. Imposible de encontrar en ningún manual de perceptiva.
La colosal brecha que existe entre la obra de arte y el infortunado panfleto, reside en que la primera no pretende dar respuestas a un conflicto determinado. Todo lo contrario diría yo: una canción auténtica y superior expone un conflicto donde nadie lo suele visualizar para dejar miles de respuestas pendientes.

“The answer, my friend,
is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind”. (**)

(**) (“La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento, la respuesta está soplando en el viento.”)


Cada vez que escucho “Blowin in the wind”, su dulcísima melodía me conduce, como en un film, por una sucesión de imágenes que me llevan en un recorrido imaginario por los acontecimientos más importantes de la década del ´60. Desde las protestas contra la guerra de Vietnam, la segregación racial en los EEUU, el Mayo francés, hasta el asesinato del Che.
Será la nostalgia o será que todos los caminos conducen a Dylan.

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