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Mostrando entradas de 2009

A HARD RAIN`S A GONNA FALL (traducción anónima)

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La poesía de Bob Dylan sigue siendo irrompible, a pesar del tiempo y de las traducciones. La que muestro a continuación sin embargo, no está tan mal, me parece.

A hard rain's a-gonna fall
(Una dura lluvia va a caer)

Oh,¿Dónde has estado
mi querido hijo de ojos azules?
¿Dónde has estado
mi joven querido?

He tropezado con la ladera
de doce brumosas montañas,
he andado y me he arrastrado
en seis autopistas curvadas,
he andado en medio
de siete bosques sombríos,
he estado delante
de una docena de océanos muertos,
me he adentrado diez mil millas
en la boca de un cementerio,
y es dura, es dura,
es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

Oh, ¿Y qué viste,
mi hijo de ojos azules?
Oh, ¿Qué viste,
mi joven querido?

Vi lobos salvajes alrededor
de un recién nacido,
vi una autopista de diamantes
que nadie usaba,
vi una rama negra
goteando sangre todavía fresca,
vi una habitación llena de hombres
cuyos martillos sangraban,
vi una blanca escalera
cubierta de agua,
vi d…

Joaquín y Benjamín, poetas consonantes

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Confieso que no esperaba demasiado de “Vinagre y rosas”, el último disco de Joaquín Sabina.
No porque considerara que su inspiración estuviera agotada, para nada. Pero pensaba yo: “-¿Con qué más me puede sorprender este tipo?”.
Uno llega a escuchar tanto que cree que eso que algunos llaman “capacidad de asombro” es un músculo cansado que ya no responde a los estímulos externos.
Sin embargo, tanto me atrae la obra de Sabina que no pude resistir la tentación de conseguir por todos los medios el disco, incluso antes de que se editara en Buenos Aires.
Porque si hay que nombrar a un autor que sintetice en toda su obra las dos corrientes principales del verbo cantado, es decir, la poesía de libros y la juglarezca, hay que decir Joaquín Sabina.
Como si hubiera empalmado el Nilo y el Amazonas en un nudo, Sabina ha logrado converger en un solo y tumultuoso caudal toda la lírica de la era moderna; desde Quevedo hasta César Vallejo, pasando por José Alfredo Jiménez, Leonard Cohen, Discépolo,…

Aquellas hermosas canciogasiones (O cuando Rosario fue la capital de Buenos Aires)

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Mis primeras imágenes de Rosario son, allá en un tiempo ahora lejano, una estación de tren y la calle Cafferata en dónde el tío Natalio tenía una colchonería.
“Todos somos hijos de la historia”, decía alguien. Hijo, o mejor dicho nieto de “rusos” chacareros, a mí la historia me parió porteño por culpa y gracia de mi abuelo materno. Sus cuatro hermanos inmigrantes habían echado rápidamente raíces en las quintas de Funes y en los distintos barrios rosarinos, pero mi abuelo encalló su barco en los conventillos de San Cristóbal y en los cabarutes de 25 de Mayo, por lo que cada vez que teníamos que ir a visitar a nuestra parentela, al abuelo había que desamarrarlo del Obelisco.
Pero era cuestión de subirse al tren en Retiro y apuntar nomás la proa para el lado de Rosario.
Luego llegaron los años de la adolescencia, el abuelo partió de nuevo, pero esa vez nunca más lo volvimos a ver. Y así Rosario me quedó en la postal de las pibas del barrio Etchesortu, en las ásperas tenidas futboleras…

Soplando en el viento

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El mismo León Gieco reconoció en público alguna vez con inocultable sinceridad, que su primera canción (“Hombres de hierro”) era algo así como un “robo” de “Blowin in the wind”.
Mi hijo Julián me ha hecho notar también, y para mi sorpresa, que la banda argentina Los Guasones, es beneficiaria de algunos “afanos” por el estilo perpetrados contra las canciones de Dylan.
Otro tanto, me parece a mí, le corresponde a Andrés Calamaro, y no creo que a él lo ofenda esta imputación, sino todo lo contrario.
Salvando las distancias, se ha llegado a decir lo mismo de John Lennon, sobre todo del Lennon que quedó perplejo y turbado luego de escuchar en 1965 el estreno de “Like a rolling stone”.
Joaquín Sabina, por ejemplo, asegura que la mejor canción del siglo XX es para él, (y lo dice sin dudar), “Knocking on heavens door”. Tanto, que en una de sus últimas presentaciones pudimos oír la introducción instrumental de aquel tema, (maravilloso por cierto) haciendo las veces de prólogo de “¿Quién me h…

Pasaron las grullas...

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"Se necesitan verdades acerbas, medicamentos amargos…”
(Mijaíl Lermontov, poeta ruso, 1814-1841)

Napoleón sospechaba que “algo más” acompañaba al soldado ruso en el combate. Una especie de “doble” irreductible, un alma imposible de vencer.
Lo mismo habrán pensado las numerosas divisiones del ejército nazi que sucumbieron sin haber logrado quebrantar la resistencia de las tropas soviéticas y del pueblo de Stalingrado en la cruentísima batalla que decidió el curso de la historia y el destino de la humanidad.
Precisamente, la Gran Guerra Patria, como la siguen recordando en Rusia, no solamente ha dejado una huella imborrable en la memoria de esa nación, sino que también ha contribuido a alimentar el mito y la leyenda de eso que llaman el “alma rusa”.
Difícil de explicar, el nervio principal del alma rusa posee un aspecto relacionado directamente con la tristeza como tránsito de expiación y fortalecimiento del espíritu.
“¡Ay, Dios mío! ¡Qué triste es nuestra Rusia!”, se le escuch…

20 de Julio de 1969

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Por Alejandro Szwarcman

Según constaba en sus propios documentos, mi abuelo nació en un pueblo olvidado de la Europa Oriental allá por 1905. En mi familia no eran pocos los que por diversos motivos sospechaban que ese dato no era del todo auténtico. De tal manera, mis parientes comentaban a menudo que el registro de aquel año no era más que un malentendido propio de la época y que "el zeide" por lo tanto, habría llegado al mundo con las últimas exhalaciones del siglo XIX. Para mí, que siempre dudé de todo, no era ni una cosa ni la otra. Yo creo que por su concepción del universo, mi abuelo bien pudo haber sido uno de aquellos abnegados que atravesaron a pie el Mar Rojo junto con Moisés en ese azaroso periplo que condujo a los hebreos desde Egipto hacia la Tierra Prometida. Lo que está claro desde ya, es que mi abuelo no pertenecía de ningún modo al siglo XX. Tipo muy especial aquel Don Jacobo. Su mundo se dividía a dos aguas. Uno, el de su precario Kámenetz natal, un pueblo u…

Neruda está fuerte

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Decir que la televisión argentina es una cloaca infecta, a esta altura del partido ya no solamente es un lugar común del lenguaje escatológico, sino también una obviedad.
Claro, alguien podría decir que el Canal Encuentro o algunos programas de Canal 7 justifican de alguna manera que ese cuadriforme a control remoto que cada buen ciudadano posee en su casa sirva para algo más que apoyar floreros o retratos familiares.
El asunto es que haciendo un promedio, la televisión, para decirlo elegantemente, es una basura.
Y no solamente es una basura porque son pobres sus contenidos, sino también porque se ha convertido en una dañina forma de reproducir ciertas líneas del pensamiento, que son algo así, como volver a la rama donde habitaba nuestro venerable antepasado, el Australopitecus.
Por ejemplo, entre otros primores, la televisión ha sofisticado la manera de exponer a la mujer (y más aún si es que se trata de una bella mujer) como el ser más estúpido que pueda existir entre todas las esp…