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Mostrando entradas de 2011

Lo que ya no tiene nombre

Érase una vezen mi pueblo que un señor de toga y martillo a quien todos llamaban juez, condenó a un hombre por decir la verdad.
A decir verdad, decir sencillamente la verdad, era para él llamar a las cosas por su nombre.
Al pan, lo llamó pan. Y al vino, lo llamó vino.
Pensándolo mejor, no hago más que repetir lo que todos ya conocen.
Sin embargo y ahora que lo pienso, la gente de mi pueblo no ha hecho otra cosa que repetir por décadas lo que pregonan los diarios, los locutores de la radio local, el cura, la maestra, el sargento de policía, y todos sin advertir el engaño.
Primero fue el cura, que albeso lo llamópecado.
Después llegó la maestra, y altraidor lo llamóhéroe.
Algunos no les creyeron, pero el sargento dijobasta, y todos entendieron que estaba diciendomuerte.
Los locutores se asustaron, pero al miedo lo llamaronsentido común.
Después vinieron los diarios, la radio, la televisión y contaron la noticia como siempre suelen hacerlo.

Ahora, yo que apenas conozco una pocas palabras, escribo …

El ser o no ser de Luigi Tenco

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“¿Quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete?”
(“Hamlet”, William Shakespeare)

“Pensé en no verte y temblé”
(“Malevaje”, de Enrique Santos Discépolo)


Cuando allá por diciembre de 1965 Juan Carlos Mareco abrió la noche de “Casino Philips” en el viejo Canal 13 anunciando la presentación de Luigi Tenco, casi nadie o muy pocos, advirtieron que aquel italianito tímido, de aspecto gris y mirada melancólica oriundo del Piamonte, se convertiría muy pronto en un mito trágico y probablemente para quien escribe estas líneas, en la figura más importante de toda la canción italiana de post guerra.
Aquella fue la primera, y resultó ser la única vez, que Luigi Tenco se presentó en la Argentina.
Como tantas paradojas que suceden…

"Recalada", de Néstor Basurto - Un disco para náufragos (de la madrugada)

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“Estamos desnudando el alma a tangos,
curtiéndola de aguantes en el cuero,.
cargándonos la noche a contrasueño
como si fuéramos los últimos tangueros...”


No está demás, por preliminar y necesario, aclarar que la expresión recalada tiene en origen una correspondencia directa con el léxico de la marinería.
En una asombrosa sucesión de incorporaciones, el habitante de la ciudad de Buenos Aires, - acaso por su personal vínculo con el puerto -, se ha dedicado a prohijar muchas de esas voces procedentes de ultramar, no solamente con el afán de apoderarse de ellas, sino para ajustarlas a un sentido alegórico que le resultase más próximo.
Caer, aterrizar, atracar, anclar, funcionan desde hace mucho y con hábito de continuidad, como sustituciones de algo así como "llegar uno, con o sin aviso," a un lugar donde seguramente será bienvenido y se sentirá parte de un convite amistoso.
La Recalada más famosa de Buenos Aires funcionó entre 1983 y 2003 aproximadamente, en el ya legendario Café H…